Para entender bien la historia de este sistema, es muy necesario comprender la historia reciente del Estado de Israel.
Los territorios que hoy pertenecen al Estado de Israel, Oriente Medio casi en su totalidad más Egipto, pertenecieron antaño al ya desaparecido Imperio Otomano. A lo largo del siglo XIX, las potencias occidentales, sobre todo Francia y el Imperio Británico, aprovecharon las crisis internas y la debilidad del Imperio Otomano para arrebatarle territorios y para alimentar los nacionalismos de los pueblos a los que dicho imperio oprimía. Mientras tanto, los judíos europeos, hartos de la discriminación y persecución que sufrían en sus países de origen, comenzaban a concebir la idea de crear un Estado judío propio: Israel.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano fue derrotado y desapareció para siempre. Algunas de las naciones que controlaban los otomanos lograron independizarse, pero muchas otras pasaron a convertirse en protectorados del Imperio Británico y Francia. Muchísimos judíos europeos emigraron hacia el Protectorado Británico de Palestina y poco a poco fueron surgiendo los primeros conflictos entre los recién llegados y la población local. Las tensiones se extendieron también hacia las autoridades británicas, a las que los judíos reclamaban que les cedieran el territorio para poder crear el estado de Israel.
Conforme avanzaba el siglo XX, también crecía la influencia del antisemitismo y el totalitarismo en Europa. Este proceso alcanzó su culmen con la llegada de los nazis al poder en Alemania. Todos estos sucesos hicieron que se disparara el número de judíos emigrados. Muchos de estos judíos se plantearon la cuestión de crear movimientos de autodefensa para protegerse de las agresiones antisemitas, y a la par los que ya estaban en Palestina
crearon grupos armados y recurrieron a la violencia contra los británicos para poder alcanzar la meta del estado propio.
Después de la Segunda Guerra Mundial, tras los sucesos acontecidos en el holocausto, casi ningún judío quería seguir viviendo en Europa, y los que no emigraron a Estados Unidos, se establecieron en Palestina. Después de la guerra, las potencias internacionales se plantearon seriamente la creación de un Estado en Oriente Medio para los judíos. Los británicos se retiraron de Oriente Medio y obtuvieron la independencia muchas de las naciones árabes que existen hoy en día: Egipto, Líbano, Siria, Irak, Jordania, etc. Tras la retirada británica, la ONU dictaminó que la región de Palestina se repartiría entre un estado judío y otro árabe. Así es como nació el Estado de Israel.
Los palestinos y sus vecinos árabes se sintieron agraviados por la creación del Estado de Israel, pues consideraban que los judíos estaban usurpando esas tierras. Inmediatamente después del nacimiento de Israel, los países árabes con los que compartía frontera lo invadieron. Israel salió victorioso de este conflicto y de todas las guerras sucesivas. Después de cada victoria, Israel iba acrecentando su territorio a costa de los derrotados, llegando incluso a desaparecer el Estado Palestino. Todo esto no hizo más que acrecentar la tensión en la zona.
A día de hoy, Israel sigue teniendo que enfrentarse día a día a los grupos terroristas palestinos y a agresiones externas inminentes. Con una situación así, es fácil entender por qué es necesario un sistema como el Krav Magá.
Krav Magá
El fundador del Krav Magá, Imi Lichtenfeld, nació en 1910 en Budapest y se crió en Bratislava, donde su padre era inspector de policía y le enseñó técnicas de defensa personal japonesas. Aprendió también boxeo y lucha greco-romana, llegando a competir a nivel internacional en ambas disciplinas.
Durante la década de 1930, luchó contra los grupos antisemitas de su ciudad junto a un grupo de jóvenes judíos. Fue a partir de aquel momento cuando se dio cuenta de que las técnicas de competición no eran siempre aplicables a una pelea callejera y cuando empezó a adaptarlas para el combate real.
En la década de 1940, huyó de la ocupación nazi y partió hacia el mandato británico de Palestina, donde fue muy bienvenido en la Haganá, la organización paramilitar que después se convertiría en el ejército israelí. En 1944 empezó a entrenar a las tropas regulares y de élite de la organización, enseñándolas natación, entrenamiento físico y defensa personal con y sin armas.
Recordemos que tras la Segunda Guerra Mundial, los judíos lucharían contra las autoridades británicas, contra los árabes, etc. En esta fase, poco a poco, su método iría mejorando, pero ante la imposibilidad de alargar el entrenamiento de las tropas, pues este debía de ser breve, en 1964 decidiría retirarse del ejército y crear su propia escuela donde poder desarrollar por completo lo que terminaría siendo el Krav Magá. Consiguió abrir los primeros centros de entrenamiento en Netanya y Tel Aviv.
Moriría en 1988 a los ochenta y ocho años después de haber dedicado toda su vida a la confección de este método, basado en la sencillez y en la ejecución de movimientos naturales para la defensa personal bajo cualquier circunstancia y sin ningún tipo de reglamentación. Hay que remarcar que el Krav Magá es un método para la protección que no hace hincapié en el uso de estas técnicas para imponerse a los demás.
La gran expansión de este gran sistema se debe a que fue adoptado por el ejército y en Israel el servicio militar es obligatorio, aparte de que es implacable y eficaz. Esta eficacia ha hecho que muchos otros cuerpos militares y policiales del mundo lo hayan hecho suyo


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