Jigoro Kano quiso crear el Judo Kodokan como un sistema educativo, con un alto contenido filosófico y moral, y que a su vez fuera un sistema de gimnasia y de defensa personal que además sirviera para volver útiles.
Su creador fue Jigoro Kano (1860-1936), que entre otras cosas fue el fundador y presidente del Ko-do-kan (casa donde se enseña el camino), catedrático y profesor del Colegio Gakushuin, creador de la Butoku-kai ( Asociación de las Artes Marciales de Japón), miembro del Comité Olímpico Internacional, fundador la Asociación Nacional de Educación Física y presidente de la misma. Kano fue el primero establecer el sistema pedagógico de cinturones y danés que posteriormente, de una u otra forma, copiarían las demás artes marciales. Siendo secretario del ministro de educación, se encargó de agregar el Judo y el Kendo al currículum deportivo de las escuelas de preparación de profesores y de escuelas secundarias de Japón.
Estudiaría presencialmente en dos escuelas de Jujutsu: en la Tenjin Shinyô-ryu y en la Kito-ryu. A lo largo de toda su vida, recopilará una gran cantidad de pergaminos pertenecientes a diferentes escuelas de artes marciales temerosas de que sus estilos cayeran en el olvido. Tanto él como sus alumnos participaron en múltiples exhibiciones y torneos con diversas escuelas de artes marciales, quedando siempre, o casi siempre, muy bien parado su estilo, resultando todo esto muy beneficioso para la expansión del Judo, que poco a poco fue siendo impartido en academias policiales y militares, en universidades y en escuelas primero de Japón y luego de todo el mundo.
Kano fue ante todo un pedagogo cuyo afán fue respetar y rescatar las tradiciones de su país, pues creía firmemente que podían ser de mucha utilidad en un mundo en el que los constantes cambios sociales, económicos y militares hacían cada vez menos necesaria la lucha cuerpo a cuerpo. Pensaba que las artes marciales, lejos de ser inútiles, aún podían ser un buen método de educación tanto física como espiritual, rescatando así los viejos valores del bushido que la nueva sociedad japonesa estaba arrinconando.
Sucesos de Bakumatsu
Desde poco antes de su nacimiento, y a lo largo de su vida, se experimentaría en Japón una época de intensos cambios, empezando por un periodo conocido como Bakumatsu (1853-1867) debido en buena parte a la forzada apertura de Japón al exterior en 1853 por el comodoro Perry. El Shogunato Tokugawa no pasaba por su mejor momento, ya que empezaba a tener disputas internas que se agravaron al ceder a las exigencias de apertura comercial estadounidenses, cosa que daría lugar a un enfrentamiento entre los partidarios y detractores de dicha apertura económica internacional. Inmediatamente después de esto comenzaría la modernización y occidentalización del ejército, lo cual fue una nueva fuente de discrepancias. A colación de todo esto sucedió un hecho insólito que no ocurría en el Japón desde hacía siglos: el Emperador se pronunció políticamente e intervino en los asuntos del país posicionándose en contra del Shogun. La sociedad japonesa se polarizó aún más dividiéndose entre los partidarios del Shogun y los del Emperador.
Mientras todo esto ocurría, algunos daimyo (señores feudales) se enfrentaron por su cuenta las potencias occidentales (Reino Unido, Francia, Estados Unidos…). El clima político era espantoso, no había un solo día en el que no hubiera enfrentamientos, asesinatos, arrestos y ajusticiamientos. Como no podía ser de otra manera, las muertes del Shogun Tokugawa Iemochi(1866) y del Emperador Komei(1867) no ayudaron demasiado a la situación. Los sustituyeron el Shogun Tokugawa Yoshinobu y el Emperador Meiji. Los clanes Satsuma y Choshu en el 1867 se alzarían contra el Shogun, el cual decidiría no luchar, dando aún más ventaja a sus ya fuertes rivales y propiciando la caída del shogunato durante las Guerras Boshin (1868-1869), tras
las que el Shogun abdicaría su poder en el Emperador. Esta medida estuvo lejos de poder apaciguar a los clanes Satsuma y Choshu, que pretendieron tomar infructuosamente la corte imperial. Tras ser derrotados, el Clan Satsuma se retiraría a Hokkaido, donde formaría la República de Enzo, rendida en 1869.
La figura de Jigoro Kano
Pasaron los años y Japón se occidentalizó y modernizó rápidamente y adoptó una política exterior excesivamente beligerante para poder competir de tú a tú con las potencias internacionales de la época, Jigoro Kano entendía la vida de una forma pacifista y pensaba que tanto oriente como
occidente podían y debían compartir, aprender y ayudarse entre ellos y creó un sistema marcial consecuente con estas ideas al que denominó Judo. Ju significaba suavidad y flexibilidad, y Do vía o camino en sentido filosófico.
Kano pretendió que su arte marcial no fuera un simple método de defensa personal eficaz, sino que también fuese una buena herramienta para forjar el carácter y cuidar la salud del cuerpo. Este nuevo arte se inspiraba directamente en los antiquísimos métodos de peleas sin armas de los guerreros samuráis, pero la reformulación que hizo Kano de estas antiguas disciplinas en clave filosófica explica por qué decidió excluir de este nuevo
sistema quitar todos los elementos más lesivos y peligrosos, como los golpeos y “pellizcos” en puntos vitales, ciertas luxaciones, etc., y por qué puso más énfasis en valores como el respeto o el esfuerzo.
Kano basó su estilo en el “principio de la máxima eficiencia”. Creó un método de aprendizaje completo que contenía un sistema de gimnasia cuyos movimientos tenían un interés técnico que hacía que con su práctica habitual se desarrollasen destrezas. Partió de una base consolidada previamente por otras artes marciales, pero cualquier sistema que incluya estos puntos es válido.
También incluyó otro concepto, el de “bienestar y beneficio mutuos”, el cual nos insta a no intentar vencer a nuestro compañero de prácticas, sino a tratar de estudiar con él, pues si le dañamos, este no volverá a practicar y por tanto no podremos aprender. Si no tenemos conocimientos no podemos ser útiles, por lo que una actitud meramente combativa no nos traerá beneficios a nosotros mismos, ni a nuestros compañeros, ni a la sociedad. Ese principio, al igual que el anterior, debe aplicarse en todas las facetas de la vida y no solamente en el dojo.
Modernizó ciertos aspectos de la práctica, dando cierta preponderancia al randori (la práctica libre) sobre la kata (formas de combate preestablecidas), pero aun así insistió en la importancia de estas últimas. Pero, poco a poco, la importancia de las katas y de la filosofía fue diluyéndose y olvidándose debido, en buena parte, a la expansión del judo por todo el mundo y por el hecho de que pasó a ser un deporte olímpico (Tokio, 1964).


Comentarios recientes